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dissabte, 1 d’abril del 2017

El Trabajo Comunitario, un eje para la transformación de los barrios

Como seres humanos y sociales que somos, vivimos y tendemos a vivir en comunidad. Nuestras vidas se desarrollan en diferentes barrios y con diferentes comunidades de personas, y es allí donde suceden toda una serie de acontecimientos que son determinantes para nosotros. La comunidad es aquel espacio donde las personas establecen los pilares más estables de su recorrido vital, pero también es el espacio donde, con ayuda de la comunidad, atiende las necesidades más básicas y fundamentales para el individuo.

La comunidad es un grupo de personas que están unidas entre sí por una red social, tejida por multitudes de elementos, vínculos, objetivos comunes, acciones de cooperación, etc. Por lo tanto la comunidad es una trama de relaciones sociales que configura pertenencia e identidad social.


Pero también es aquel espacio donde a las personas se les reconoce la capacidad de ser sujeto y protagonista de sus acciones y decisiones. Y por eso, es el espacio más cercano a la persona para incidir en el cambio y en la mejora de sus condiciones de vida.


No siempre las comunidades son solidarias y planifican objetivos comunes para atender sus problemas, pero aun así la comunidad es un espacio privilegiado para la acción social y para la transformación, ya que diluye las problemáticas individuales en un marco colectivo. Jugando un papel fundamental en la producción y distribución de bienes y recursos, así como en una función de sociabilidad, apoyo, ayuda mutua e intercambio.


El papel de la comunidad en la dinamización de las ciudades


Las transformaciones sociales en los barrios en los últimos decenios y la crisis del Estado de Bienestar obligan a pensar en la necesidad de reavivar las comunidades y su papel en los territorios y por tanto en las dinámicas de las ciudades.

El cuestionamiento de los modelos de intervención asistencialistas, del trabajo de acompañamiento individual y de los mecanismos de contención y control, así como las fracturas sociales y los conflictos en los barrios, la falta de recursos, la gestión de la diversidad y el aislamiento de las personas ante las nuevas problemáticas sociales nos sitúa a replantear las intervenciones, y a diseñar y proponer nuevos modelos cercanos a la comunidades, a sus voluntades y capacidades.


Desde hace tiempo, alrededor de esta necesidad, se está desarrollando una metodología de intervención que va tomando cuerpo, y que se está aplicando en nuestro territorio desde hace unos 20 años. Se crea en su momento la figura de aquel profesional que promueve y apoya estos procesos comunitarios, pasando de la animación sociocultural en el dinamizador o técnico comunitario. Su papel es el fortalecimiento y empoderamiento de los actores sociales en el territorio, la promoción de las redes y las alianzas. El técnico se convertirá en el promotor de la acción comunitaria, situándose en un terreno educativo y de valores, pero a la vez estratégico. Y donde la metodología es la herramienta para conseguir los objetivos.


Los primeros años de implementación de los proyectos comunitarios y participativos se concretaban en el desarrollo de planes de desarrollo comunitarios, en procesos participativos y en planes estratégicos, etc. Y era en estos espacios, donde un técnico intentaba diagnosticar, definir y planificar con la comunidad los mecanismos de resolución de sus necesidades. Y donde todo el papel del dinamizador era consolidar redes diversas y heterogéneas que atendieran las necesidades de la comunidad. Pero a veces no era suficiente, ya que el hecho de tener un único dinamizador o agente limitaba la implicación de ciertos actores o la consolidación de las redes heterogéneas, o simplemente la resolución de conflictos que existían dentro de la comunidad, es decir, no era suficiente para poder promover la transformación de los territorios.


Surgieron muchas experiencias y prácticas comunitarias, que poco a poco se fueron desarrollando en los diversos territorios. Era una metodología que tenía gran impacto y se empezaba a experimentar en diferentes ámbitos y no únicamente desde la vertiente territorial. Surgían experiencias en el comercio, en planes integrales, en procesos participativos y consultivos, en mediación, en el mundo del arte y la cultura, en el urbanismo y la arquitectura, dentro del mundo de la salud comunitaria, de la educación, etc. También aparecen nuevas propuestas como la economía social y solidaria o proyectos por franja de edad, por género, etc. Cada vez más los diferentes agentes hacían suya la metodología e intentaban implementarla en el marco del trabajo comunitario.


Poco a poco se tomó conciencia de que el trabajo comunitario tenía una fuerza importantísima en la transformación de los territorios y en la atención de las necesidades de las personas. Por ello, los Planes de Desarrollo comunitario, se posicionaron como una experiencia más, y en la actualidad muchos de los agentes del territorio empiezan ellos mismos a liderar procesos comunitarios. Con el fin de movilizar los recursos propios y generar alianzas con otros agentes.


Energias comunitarias



El Ayuntamiento de Barcelona es un buen ejemplo de esta práctica y método de trabajo. Se ha creado un espacio de trabajo denominado "Energías Comunitarias", donde la presencia de entidades, profesionales y servicios intenta reavivar e implementar el trabajo comunitario, reflexionando sobre métodos y técnicas de trabajo e intentando incorporar el trabajo comunitario de una forma integral y de forma transversal en todos los servicios y equipamientos dirigidos a la atención a las personas. Haciendo del trabajo comunitario una responsabilidad y una corresponsabilidad de todos.








Existen resistencias, miedos y desconfianzas. Mucho temor al cambio, pero ya es una realidad en el debate entre los diferentes agentes, vecinos y profesionales. Y por lo tanto se hace imprescindible la formación, la sensibilización y el apoyo y asesoramiento para que este proceso se pueda consolidar.
La incorporación de esta metodología en diversos servicios y entidades, fortalecerá el tejido social y los procesos de participación de los vecinos y vecinas, y por tanto la calidad de vida de las personas. Os invitamos a experimentar y participar de este proceso estratégico y metodológico que es la dinamización comunitaria.
 

Celia Premat
Formadora y Consultora en el ámbito comunitario en la Fundación Pere Tarrés. Profesora asociada en otras universidades.

dimecres, 22 de febrer del 2017

El Treball Comunitari, un eix per a la transformació dels barris.



Com a éssers humans i socials que som, vivim i tendim a viure en comunitat. Les nostres vides es desenvolupen en diferents barris i amb diferents comunitats de persones, i és allà on succeeixen tota una sèrie d’aconteixements que són determinants per a nosaltres. La comunitat és aquell espai on les persones estableixen els pilars més estables del seu recorregut vital. Però també, és l’espai on amb ajuda de la comunitat  s’atén les necessitats més bàsiques i fonamentals per a l’individu.

La comunitat és un grup de persones que estan unides entre si per una xarxa social, teixida per multituds d’elements, vincles, objectius comuns, accions de cooperació, etc. Per tant, la comunitat és una trama de relacions socials que configura pertinença i identitat social. 

D’altra banda, podem dir que és aquell espai on a les persones se’ls reconeix la capacitat d’ésser subjecte i protagonista de les seves accions i decisions. I per això, és l’espai més proper a la persona per incidir en el canvi i en la millora de les seves condicions de vida.

No sempre les comunitats són solidaries i planifiquen objectius comuns per atendre els seus problemes, però tot i això la comunitat és un espai privilegiat per l’acció social i per a la transformació, ja que dilueix les problemàtiques individuals en un marc col·lectiu. Jugant un paper fonamental en la producció i distribució de bens i recursos, com també en una funció  de sociabilitat,  recolzament, ajuda mútua i intercanvi. 


El paper de la comunitat en la dinamització de les ciutats

Les transformacions socials en els barris en els darrers decennis i la crisis de l’Estat de Benestar, obliga a pensar en la necessitat de revifar les comunitats i el seu paper en els territoris i per tant en les dinàmiques  de les ciutats.

El qüestionament dels models d’intervenció assistencialistes, del treball d’acompanyament individual, dels mecanismes de contenció i control, així com les fractures socials i els conflictes en els barris, la manca de recursos, la gestió de la diversitat i l’aïllament  de les persones davant de les noves problemàtiques socials, ens situa a replantejar les intervencions i a dissenyar i proposar nous models propers a la comunitats, a les seves voluntats i capacitats.

Des de fa temps, al voltant d’aquesta necessitat, s’està desenvolupant una metodologia d’intervenció que va prenent cos, la qual s’està aplicant al nostre territori des de fa uns 20 anys. Es crea en el seu moment la figura d’aquell professional que promou i dóna suport a aquests processos comunitaris, passant de l’animació sociocultural al dinamitzador/a o tècnic/a comunitari/a, el qual té com a papers principals l’enfortiment i l’empoderament dels actors socials en el territori i la promoció de les xarxes i les aliances.

El/la tècnic/a es convertirà en el promotor/a de l’acció comunitària, situant-se en un terreny educatiu i de valors, però a la vegada estratègic on la metodologia és la eina per aconseguir els objectius.
Durant els primers anys d’implementació dels projectes comunitaris i participatius, els tècnics/es intentaven diagnosticar, definir i planificar amb la comunitat els mecanismes de resolució de les seves necessitats. 

L’objectiu principal del dinamitzador/a era consolidar xarxes diverses i heterogènies que atenguessin les necessitats de la comunitat, però a vegades no era suficient,  ja que el fet de tenir un únic dinamitzador/a o agent, limitava la implicació de certs actors, la consolidació de les xarxes heterogènies o simplement la resolució de conflictes que existien a la comunitat, és a dir, no era suficient per poder promoure la transformació dels territoris. 

Van sorgir moltes experiències i pràctiques comunitàries, que poc a poc es van anar desenvolupant en els diversos territoris. Era una metodologia que tenia gran impacte i es començava a experimentar en diferents àmbits i no únicament des de la vessant territorial. Sorgien experiències en el comerç, en plans integrals, en processos participatius i consultius, en mediació, en el món de l’art i la cultura, en l’urbanisme i l’arquitectura, dins del món de la salut comunitària, en l’educació, etc. També apareixien noves propostes com l’economia social i solidària o projectes per franja d’edat, per gènere, etc. Cada cop més els diferents agents feien seva la metodologia i intentaven implementar-la en el marc del treball comunitari.

Poc a poc es va anar prenent consciència sobre que el treball comunitari tenia una força importantíssima en la transformació del territoris i en l’atenció de les necessitats de les persones. Per això, els Plans de Desenvolupament Comunitari, van  posicionar-se com una experiència més, i a l’actualitat molts dels agents del territori comencen ells mateixos a liderar processos comunitaris amb la finalitat de mobilitzar els recursos propis i generar aliances amb altres agents.

Energies Comunitàries


L’Ajuntament de Barcelona, és un bon exemple d’aquesta pràctica i mètode de treball. S’ha creat un espai de treball anomenat “Energies Comunitàries”, on la presència d’entitats, professionals i serveis intenta revifar i implementar el treball comunitari, reflexionant sobre mètodes i tècniques de treball i intentant incorporar el treball comunitari d’una forma integral i a la vegada transversal en tots el serveis i  equipaments dirigits a l’atenció a les persones, fent del treball comunitari una responsabilitat i una coresponsabilitat de tots.



Existeixen resistències, pors i desconfiances, moltes pors al canvi, però ja és una realitat en el debat entre els diferents agents, veïns i professionals. I per tant, és imprescindible la formació, la sensibilització, el suport i l’assessorament per a que aquest procés es pugui consolidar.  

La incorporació d’aquesta metodologia en diversos serveis i entitats, enfortirà el teixit social i els processos de participació dels veïns i veïnes, i per tant la qualitat de vida de les persones. Us convidem a experimentar i a participar d’aquest procés estratègic i metodològic que és la dinamització comunitària.



Celia Premat
Formadora i Consultora en l’àmbit comunitari a la Fundació Pere Tarrés. Professora associada en altres universitats.

Si t'interessa el treball comunitari pots cursar el Certificat de Professionalitat de Dinamització Comunitària