Comenzar a evaluar el
impacto de la actividad que lleva a cabo una organización puede convertirse en
toda una aventura. Más allá de qué metodología de evaluación usamos, y del
ámbito en el que trabajamos, hay algunos aspectos que vale la pena tener en
cuenta si no queremos morir en el intento de evaluar el impacto de nuestra
entidad.
La dirección y el equipo profesional deben avanzar
juntos. La evaluación de impacto
es un proceso que implica reflexionar sobre qué quiere conseguir la entidad, de
qué manera debe hacerlo y qué resultados consigue. Asimismo, es posible que
surjan nuevas tareas (recogida de información, sesiones de reflexión de
resultados), que habrá que prever y hacer visibles. Es imprescindible contar
con el compromiso de toda la entidad para sumar las diversas visiones y experiencias,
y para integrar la evaluación en el día a día de los equipos.
No pretendamos evaluar todo. Fijémonos en lo esencial, en aquellos aspectos
en los que realmente queremos y podemos incidir a través de nuestra actuación.
Seguramente, con unos cuantos indicadores tendremos suficiente para empezar a
tener información muy relevante.
Hay que ajustar las expectativas desde el inicio. Es bueno que tanto profesionales como Dirección
tengan claro desde el principio qué implica el proceso de evaluación, qué
información se podrá obtener con la metodología empleada y para qué servirá. ¡También
es muy importante tener presente que los resultados de la evaluación no tienen
por qué ser positivos! No
siempre podremos presumir que hacemos las cosas bien. Pero saber qué es lo
que no funciona es justamente lo que nos permitirá aprender y mejorar.
Aprovechemos esfuerzos: ¡la entidad ya hace mucho
trabajo! Es probable que a estas
alturas vuestra entidad ya haga cosas que, a pesar de tener otros objetivos, os
sirvan también para evaluar el impacto: seguramente recoger datos relevantes de
los usuarios o les paséis cuestionarios de valoración del servicio. Hay que
pensar qué información puede ser útil para la evaluación y cómo procesarla para
poder analizarla desde este punto de vista. Es importante integrar al máximo
los diversos procesos para no cargar los equipos de trabajo innecesariamente y
garantizar el éxito en la recogida.
Aprovechemos también los esfuerzos de los demás. Cada vez más son las entidades que evalúan sus
programas y que ponen a disposición de todos los resultados y las metodologías
empleadas. Esto sirve tanto a la hora de diseñar la evaluación como si lo que
queremos es saber qué tipo de estrategias se han demostrado efectivas a la hora
de abordar una problemática, en el caso de que no podamos evaluar nuestra
propia intervención. Para ello, pueden ser útiles los bancos de indicadores,
como el de Global Value Exchange,
o recopilaciones de estudios de evaluación de impacto, como los de la What Works Network,
promovida por el gobierno del Reino Unido. ¡Hacemos el chismoso y nos
ahorraremos mucho trabajo!
Las TIC nos pueden facilitar mucho el trabajo. Evaluar puede implicar mover una gran cantidad
de información, sobre todo si los programas de nuestra entidad tienen muchas
personas usuarias, si también recogemos datos provenientes de familiares u
otros profesionales, etc. Ante esto, hacer uso de las TIC nos puede facilitar
mucho el trabajo. Herramientas específicas para la evaluación como la Well-being Measure de la NPC, o la herramienta Valora, creada por la Fundación Pere
Tarrés, nos permiten gestionar con facilidad todo el proceso de recogida y
análisis.
Núria Comas
Investigadora social en
el departamento de Consultoría y Estudios de la Fundación Pere Tarrés




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